sábado, 23 de septiembre de 2017

¡Me voy por un roncito!


BULLARD EL CUENTA CUENTOS

Todos los sábados, me gusta leer en El Comercio la columna de Alfredo Bullard. Muchos podrán estar de acuerdo con sus posturas, o no. Reconozco haber ocupado ambos banquillos. Pero nadie, ya sean seguidores o detractores, podrá negar jamás que es una de las mentes más reconocidas e innovadoras de su generación (y de otras varias) y una de las plumas más ligeras que tenemos en el mundo jurídico. A favor o en contra, muchos intentan –en vano– copiar su estilo único y característico.

En uno de esos artículos (típicamente, aplaudido por muchos y cuestionado por otros) titulado "Hayek, Waze y el tráfico" (hoy disponible aquí) Bullard se refiere al sistema de precios, al lenguaje, a las regulaciones jurídicas y ciertas formas de organización e, incluso a la Internet; y los asemeja con la vigente aplicación tecnológica que  ha logrado domar al salvaje tráfico limeño: WAZE.  

Para explicar los órdenes espontáneos de F. Hayek, recurre al aplicativo informático y nos cuenta cómo es que el sistema se nutre de la información que brindan los usuarios de la aplicación, lo que permite informar a sus demás pares, dónde hay calles en mal estado, cierres por obras, accidentes de tránsito, presencia de policías, embotellamientos de tráfico, etc. Lo destacable del artículo no es que su autor haya logrado reducir su tiempo de viaje y estrés en un 20% o 25%, ahorrando –como el mismo dice– “tiempo, gasolina y buen humor”, sino que en el fondo destaca que la combinación de libertad y cooperación natural (lo que Bullard llama “procesos evolutivos inconscientes”), son herramientas armonizadoras de la convivencia social.

MI PROPIO CUENTO

La semana pasada tenía una reunión y el tiempo justo para llegar. WAZE marcaba mi llegada a destino, diez minutos antes de la hora pactada y no tenía apuro. El problema era que yo no conducía. Pese a escuchar la característica voz española (parecida a la sensual presentadora de La Serie Rosa) que le indicaba voltear a la derecha, el taxista con el pecho túrgido de arrogancia, viró el timón hacia la izquierda, y con las frases típicas de quien se ufana de tener calle… esquina… barrio… criollada… viveza, me quiso convencer de que su decisión era mejor porque conocía “un corte”. Me canse, antes de terminar de explicarle que WAZE ya tenía mapeadas todas las calles, analizado el panorama, tomado una decisión eficiente e incluso calculado mi hora de llegada, algo que mi conductor era incapaz de hacer porque no tenía información que le permitiera ver más allá de lo que sus ojos le mostraban. Por supuesto que mi teléfono chilló advirtiendo que el tiempo de llegada había sido re calculado: cinco minutos más tarde que la inicialmente considerada. Ante mi molestia, el taxista quiso enmendar su error y regresar a la ruta que marcaba WAZE en un primer momento. De ese modo, incurrió en un nuevo yerro. Cuando el taxi se desvió la primera vez, WAZE propuso una nueva ruta (la más rápida). Pero ahora, el taxista por segunda vez, desconocía las instrucciones del software. Un nuevo chirrido y el re cálculo del tiempo de llegada: tres minutos más tarde.

Hoy regresaba de dictar un curso de barreras burocráticas en La Molina y el tráfico en El Polo estuvo insufrible. Esta vez yo conducía y pese a que WAZE me sugería continuar por la misma avenida para desviarme más adelante, estuve tentado a cambiar de ruta en forma prematura. Pero recordé la anécdota del taxista, seguí las instrucciones de la mujer española y mientras estuve atorado en el tráfico, me la fui imaginando. Al final el camino fue largo y tedioso, pero llegue quince minutos antes de lo usual (normalmente no uso WAZE para esa ruta).

INFORMACIÓN, ÉTICA Y REGULACIÓN

A veces siento que algunas autoridades son como un taxista que no sabe elegir rutas. Sus malas decisiones (regulaciones) son el resultado de no saber escuchar “las voces del mercado”. Así como el taxista ignoró a WAZE, aun cuando la aplicación es capaz de recomendar con mayor solvencia soluciones eficientes gracias a la información que recoge de los usuarios repartidos en todas las calles, los malos reguladores suelen tener la insolencia de creer que saben más que el conocimiento económico colectivo, que surge de todas las transacciones existentes y por eso, no solo es omnipresente, sino sobre todo omnisciente.

Visto el fenómeno desde otro ángulo, quizás uno de los méritos menos reconocidos (y que deberían destacarse más) de un buen burócrata tomador de decisiones regulatorias, sea su capacidad de resistirse a la poderosa tentación de "no hacerle caso a WAZE y virar el timón hacia la izquierda". A veces la tentación es grande porque los resultados esperados parecen mejores de lo que realmente terminan siendo. Pero por lo general, cualquier decisión divorciada con la lógica del mercado presentará, en el mejor de los casos, resultados buenos solo en apariencia; y es que, como le pasó al taxista, el regulador que toma este tipo de decisiones no puede ver más allá de las narices.  

Un funcionario público debe ser consciente de la responsabilidad que carga sobre sus hombros. No puede dejarse llevar por una tentación individual (P.E. populismo, corrupción, traslado de sus cargas a los administrados para facilitar su propia labor, etc.) y arriesgar el bienestar de la sociedad que lo ha puesto en ese lugar para ejercer una función pública. De ahí que desde el punto de vista ético, no sea admisible en modo alguno que una autoridad perjudique a esa misma sociedad que además, le facilita al funcionario parte de su trabajo cuando genera la información que necesita para regular de manera correcta, información que el mal burócrata prefiere ignorar. 

Los mercados también generan información relevante para la toma de decisiones. Y aunque no exista un aplicativo como WAZE que permita acceder a toda la información del mercado, la información disponible siempre ayudará. En algunos casos más, en otros menos. Pero en cualquier escenario, el buen funcionario siempre debe escuchar la sugerente voz del mercado para poder regular con ética.

PARA ACABAR, ¿UN RONCITO? 

Como sea, yo no soy una persona que tenga capacidades legales para regular. No soy autoridad pública, ni funcionario. Formo parte del sector privado. Así que –para hablar en simple– mis decisiones en el mercado solo impactan en mí, para bien o para mal. 

Y yo no sé ustedes, pero si me vuelve a pasar algo como lo que sucedió hoy cuando WAZE me autorizó a salir de la Av. El Polo, y la sexy española me dice que tengo que ir por la calle CARTAVIO, aunque me parezca una ruta extraña, le hago caso al conocimiento colectivo y me voy por un roncito… ¡Salud!